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Fue así mismo público de una niña que murió, habiéndola traído sus padres al monasterio de la Cruz, la cual, por muchas experiencias hechas en ella, se vido que estaba sin vida y, a ruego de sus padres, y de otras personas en número de ochenta que estaban presentes, puso un crucifijo sobre ella, hizo oración y luego se levantó con vida y salud.
Juana de la Cruz
En los primeros años de su religión, después de haber comulgado, fue arrebatada en espíritu y pareciole que la llevó al monte Calvario una persona vestida de blanco, y allí vio un crucifijo corriendo sangre de las llagas; y estando ansí se le representaron todos los pecados que había hecho en su vida, más claros que si cada uno le cometiera allí de presente.
Inés de Cebreros
Llegose el día de premiar Dios tantos trabajos y revelole su Divina Majestad la hora de su muerte, según parece por lo que le sucedió a su sobrina, la cual estaba sentada en una ventana que sale al claustro y vio un brazo de una pequeña cruz entre el bastidor y la pared, sacola con alguna violencia y, cuando la vio la tía, se la pidió encarecidamente, mostrando en su rostro gran turbación, y luego que la hubo en su poder, se entró en la celda y escribió en un pergamino estas palabras: “Señoras mías, suplico a vuestras mercedes así consigan misericordia a la hora de su muerte, que cuando mi alma salga de este miserable cuerpo me pongan esta santa cruz en la garganta”.
María de San Juan
y estando con esta compasión vido la imagen del santo crucificado muy apasionado y llagado y aparecieron allí todas las insignias y misterios de la Pasión y las tres Marías muy llorosas, cubiertas de luto; y tantos fueron los misterios que allí vido y sintió y lo mucho que lloró y se traspasó su corazón, que quedó tal que parecía muerta, y su gesto tan difunto y desmejado que, cuando sus tíos y la gente de casa vinieron, se maravillaron mucho de verla tan demudada y le preguntaron qué le había acontecido y apremiaronla que comiese y no ayunase aquel día a pan y agua, y ella les suplicó no le quitasen su devoción, que muy bien podía ayunar y muy bien dispuesta se hallaba.
Juana de la Cruz
después de haver tomado la misma Señora la cruz que está en la mesma casa con sus sagradas manos y fincádola en el lugar donde havía de ser edificado el altar principal
Juana de la Cruz
tomándola ella en sus braços, hiço su oraçión, e santiguándole, púsola ençima una ymagen del sancto cruçifixo, que traýa ella siempre en sus brazos en memoria de la cruz e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo.
Juana de la Cruz
E que el dicho Fernán Sánchez dijo que le placía. E fue a casa del dicho Alvar López del Arroyo, e subió a una cámara do estaba doliente y en pasamiento Teresa López, mujer del dicho Álvar López, e que vido a la cabecera de su cama que estaba una almohada, y en somo della una cruz pequeña de latón que había quedado ahí de como la habían dado la extremaunción, e que debajo del pie de la dicha cruz que parecía estar en somo de la dicha sábana una forma de cara como de Verónica, con su barba larga, muy graciosa.
Teresa López
E que a la cabecera della, a la mano derecha, estaba una cruz de latón que él había dejado cuando le había dado la unción. E que debajo cabo el pie de la cruz, que miró e vido una cara que parecía encima de la sábana con una barba larga, con una corona con tres ramos, que parecían como manera de cruz; la cual dicha cara tenía forma de Verónica.
Teresa López
Poníase delante de un crucifijo en cruz por tanto tiempo que parecía tener los brazos armados o ser de piedra su estatura.
María de Contreras
antes, como se levantaba de su cama para orar delante un crucifijo, al tiempo que entendió, por el sonido de las campanillas, que alzaban en una misa, sintió tan gran dolor en los pies y en las manos que parecía que le ponían en aquellos lugares clavos gruesos. Y como estuviese en esta pena, parecíale que le traspasaban la mano izquierda. Y fue tan vehemente el dolor que puso el dedo pulgar de la mano derecha en la palma de la izquierda y apretó cuando pudo con el gran dolor que tenía, y reventó la sangre, de que ella quedó admirada.
María de Ajofrín

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