Juana de la Cruz

Información

  • Nacimiento: 1481
  • Fallecimiento: 1534
  • Orden: Franciscanas
  • Convento: Monasterio de Santa María de la Cruz (Cubas de Sagra)

Fuentes

Ms K-III-13 Escorial

Autor: Anónimo

Título: Vida y fin de la bien abenturada virgen Sancta Juana de la [cruz] monja que fue professa de quatro Botos en la orden del señor sant francisco en la qual viuio perfecta y sanctamente

MSS-9661 BNE

Autor: Anónimo

Título: Libro de la Casa y Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz

Villegas 1588 

Autor: Alonso de Villegas

Año: 1588

Título: Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes (primera impresión)

Marieta 1596

Autor: Juan de Marieta

Año: 1596

Título: Historia eclesiástica de todos los santos de España

Daza 1611

Autor: Antonio Daza

Año: 1611

Título: Quarta parte de la Chrónica general de Nuestro padre Francisco y su apostólica orden/compuesta por Fray Antonio Daça de su Orden

Salazar 1612

Autor: Pedro de Salazar

Año: 1612

Título: Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco

Arbiol 1697

Autor: Antonio Arbiol

Año: 1697

Título: Los Terceros hijos del humano serafín. La venerable y esclarecida Orden Tercera de nuestro seráfico patriarca San Francisco

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porque desto la creyesen dio Nuestra Señora tal señal: y fue pegalle los dos dedos de la mano derecha a manera de cruz
Juana de la Cruz
como su Divina Magestad otorgó a su sancta madre la virtud que le mandava, y la bienabenturada Juana de la Cruz estava entonçes en el vientre de su madre enpezada a façer varón, tornola muger, como pudo y puede haçer como todopoderoso. Y no quiso su Divina Magestad deshazerle una nuez que tenía en la garganta, porque fuese testigo del milagro
Juana de la Cruz
deçía su madre que no tan solamente no padeçía pena ni travajo en crialla, mas consolaçión y alegría espiritual sentía en sí mesma todas las veçes la tomava en sus brazos, aunque ella estuviese muy triste e angustiada
Juana de la Cruz
vido muchedumbre de árboles muy floridos e con frutos, e llenos de diversidad de muy hermosas aves, las quales cantavan muy dulçemente. Y también vido otra muchedumbre de niños muy hermosos, los quales cantavan a consonante, y respondíanles las aves. Y este tan dulçe canto dixo hera en otra lengua, que ella no la podía entender, salvo que la armonía hera muy dulçe y deleytosa de oýr
Juana de la Cruz
la bienaventurada Juana de la Cruz sintió mucha soledad en faltarle tal compañía e conversión, y que fuera mucho yrse con ella a ser religiosa. Y rogolo y pidiolo con muchas lágrimas a su padre y agüela
Juana de la Cruz
hazía: oraçión muy fervorosa bañada en lágrimas, salidas de su coraçón y lloradas con compasión de la Passión de Nuestro Señor Jesuchristo, que hecha de otra manera la oracçión la tenía por yndigna de ser resçivida delante del acatamiento divino
Juana de la Cruz
Hera cruel para su cuerpo, que traýa junto con sus carnes un siliçio hecho de unas cardas que buscó ella muy secretamente, y las deshizo, e todas las púas e puntas cosió en una cosa muy áspera. Y aquello traýa junto a sus carnes. Andava de contino dolorosa y toda llagada
Juana de la Cruz
Hazía siempre muy ásperas disçiplinas, dándose con muy gruesos cordeles dados en ellos muy grandes. Dávase con estos tan cruel y despiadadamente hasta que le salía sangre y se hazía muy lastimossos cardenales y heridas.
Juana de la Cruz
Andando por casa, o haziendo labor de manos, se dava secretamente en los mureçillos de los brazos y en qualquier parte de su cuerpo que ella podía muy reçios pellizcos, y quando havía de hazer algún travajo al fuego o orno, se destocava y se arremangava mucho los brazos para hazer penitençia e quemar sus carnes e offreçerlas a Dios en sacrifiçio.
Juana de la Cruz
Aunque oculto por entonçes a sus ojos corporales, dezía esta bienaventurada que hera tan grande la consolaçión que sentía quando lo veýa, que en ninguna manera quisiera de allí ser apartada
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estando esta bienaventurada en la yglesia oyendo missa con muy gran devoçión y atençión un día de la purificaçión de Nuestra Señora, [...] al tiempo quel preste quería alzar el Sanctíssimo Sacramento, acatándole a ella con mucho fervor para le adorar, vido la hostia en su mismo tamaño y redondez muy clara, buelta como a manera de una redoma de bidro muy hermosa e clara, e dentro della, fecho el bulto del cuerpo de nuestro Señor Jesuchristo en carne viva
Juana de la Cruz
cada vez que estava en un palaçio veýa en un margen que estava puesta de un paramento delante della dos serafines muy hermosos y resplandesçientes, y entre medias de los dos seraphines estava una fuente muy hermosa y muy clara
Juana de la Cruz
Salió la bendita a un corral a buscar soledad para haçer sus acostumbradas oraçiones, la qual se puso de ynojos en tierra y empeçó a reçar y orar mirando el çielo con mucha devoçión y atençión. Y estando assí mirando, a deshora vido cómo el çielo se abría, y vido desçender a Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, trayendo en sus brazos al Niño Jesús [...] y oyeron cómo hablava con Nuestra Señora e le haçía muy grandes ruegos.
Juana de la Cruz
Estando esta sancta virgen en la casa de la lavor, víspera de los sanctos apóstoles San Pedro y San Pablo, vido una figura de todos los doze apóstoles como quando cada uno acava de espirar, e luego, a deshora, vido doze sepulcros muy hermosamente labrados e abiertos, e que salían dellos los doze apóstoles bestidos todos de blanco, e sus personas dellos más alvas que la nieve, e levantávanse, puestas las manos juntas, como que adoravan al Señor, e le davan graçias.
Juana de la Cruz
Estando en la casa de la lavor esta bienaventurada, trabajando en lavor como todas, pensava en su coraçón qué cosa tan alegre sería, y hermosa de ver y acatar, a Nuestra Señora la Virgen Sancta María con el niño Jesús en los brazos. Y creçiendo en ella estos desseos y fervoroso amor, a deshora vido a la Reyna de los Çielos y Madre de Dios, y con el niño Jesús en brazos.
Juana de la Cruz
Quando volvía el torno para dar o tomar alguna cosa, en muchas vezes le aconteçía, volviendo el dicho torno con este pensamiento, ver al Niño Jesuchristo, con bulto muy claro y gesto muy alegre, y dulçe y amoroso; la hablava y consolava, y abastava de graçia y dones divinales
Juana de la Cruz
Estando esta sancta virgen un día negoçiando al torno, a deshora vido en él al Niño Jesuchristo. Y queriéndole ella tomar para se gozar con Él, tomole Nuestra Señora la Virgen Sancta María en sus braços. Y assímismo pareçió allí a deshora, y voló en alto con Él, y yba acompañada de muchedumbre de Ángeles, e todos yban tañendo y cantando, e haçiéndole muchos géneros de serviçios.
Juana de la Cruz
angustiándose mucho esta bienabenturada porque tan en breve se yban la madre y el hijo, hablola la clementíssima Reyna de los Çielos, diziéndola: “Hija mía, vente a la diestra parte de la casa, hazia adonde están las higueras, que allí me hallarás”. Ella, oyendo esto, desocupose lo más presto que pudo, y fuese para allá muy aquejadamente, mirando por todas las partes del corral [¿opuesto?] por ver si vería lo que su ánima desseava. En no viéndola, con mucha congoja se açercó hazia una parte do estava la casa del horno, porque allí le pareçía que oýa sonidos divinales. E habriendo la puerta, vido muy gran claridad, y entró dentro, y halló lo que con mucho fervor buscava, que hera a Nuestro Señor Jesuchristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles y huestes celestial
Juana de la Cruz
estando en su çelda, la qual estava apartada de la yglesia, quando tocaron las campanas que dezía la Gloria in exelçis Deo, hincándose ella de hinojos para dar graçias a Nuestro Señor e adorarle desde allí, oyó los cánticos e çeremonias que se haçían en la sancta Iglesia, e vido a Nuestro Señor Jesuchristo como quando salía del sepulchro, [...] e muchedumbre de ángeles çercados de su Real Magestad, que le adoravan e serbían de muchas maneras de servicios, e tañían y cantavan muy dulçemente.
Juana de la Cruz
la bienabenturada tornó a su torno a suplicar a la Reyna de los Çielos que, pues su dulçe hijo havía tenido por bien de la tomar por esposa, su clemençia se la quisiese dar para lo tener en sus braços como a señor y a esposo suyo, e se goçar e consolar con él. Nuestra Señora le dixo le plaçía, e se le dio luego a ella en sus braços.
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después de haver tomado la misma Señora la cruz que está en la mesma casa con sus sagradas manos y fincádola en el lugar donde havía de ser edificado el altar principal
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su madre enseñava a la niña que pusiese las manos y que mirase a sant Bartolomé, que estava en el altar, porque le diese salud. Y la niña, súpitamente, se rió, mirando la ymagen . Y preguntada de qué se havía reýdo o qué havía visto, no respondió ninguna cosa, salvo que luego pidió de comer por señas, y mamó. Y dende adelante tuvo perfeta salud
Juana de la Cruz
a deshora vido a Nuestro Señor Jesuchristo, o la ymagen de sancto crucifixo muy apasionado y llagado, y pareçieron allí todas las ynsignias e misterios de la Passión, y las tres Marías, todas muy llorosas y cubiertas de luto
Juana de la Cruz
estando la bienaventurada en tan prolongada oraçión, a deshora vido la sancta Berónica mudada y transformada en el rostro y figura de Nuestro Señor Jesuchristo, como si estuviera allí vivo, en carne apasionado, y llagado y corriente sangre
Juana de la Cruz
Entonzes la sancta ymagen la habló, diziéndole: “En nora buena seáys venida, hija, a esta mi casa. Entra en ella alegremente, pues para ella fuysteis criada, y yo te torno a dar la mayoría como te tengo dicho”.
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tomándola ella en sus braços, hiço su oraçión, e santiguándole, púsola ençima una ymagen del sancto cruçifixo, que traýa ella siempre en sus brazos en memoria de la cruz e Passión de Nuestro Señor Jesuchristo.
Juana de la Cruz
Estando esta bienabenturada en su çelda orando una noche delante una ymagen del Señor del Huerto, suplicándole con muchas lágrimas por socorro y ayuda en las presentes tribulaçiones que tenía, fue tan grande su llanto e sollozos que pareçía quería espirar. Y de rato en rato dezía, como entre sí: “Qué triste relación”.
Juana de la Cruz
Estando esta sancta virgen en su çelda en una ferbiente oraçión ante una ymagen del Señor y de su bendita madre, offreçiole sus dolores y enfermedades [...]. Y ansimismo, suplicava a su Divina Magestad resçiviese de todos ellos los serviçios e buenas obras, y limosnas que por su sancto amor hazían, y le pluguiese responderla si huviese resçivido los serviçios de sus hermanas, las religiosas, y de sus devotos a ella encomendados. A la qual suplicaçión respondió el poderoso Dios...
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Una monja, estando rezando en una imagen de la oración del güerto, llegó a besar el pie al señor San Juan Evangelista, y habló el santo en su imagen y dixo
Juana de la Cruz
Era de costumbre en esta casa dar al pueblo de Cubas, la mañana de San Juan Baptista, una imagen de bulto del mismo santo que está en una caxa en coro alto, que es de penitencia antiguo, hombre barbado, por que no se entienda que es la del niño. Y viniendo por él, estándole adereçando en sus andas la santa y las monjas, hablolas el santo en su imagen y dixo...
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