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Pretendía astuta y maliciosamente el Demonio turbar su quietud con la representación de un gran libro que la mostraba como proceso de sus imperfecciones y con el ruido de sus muchas hojas, pero la Virgen serenísima, que había pisado la astucia de la serpiente antigua, hizo huir a esta quitando el temor a su sierva y llevándola consigo.
María de Toledo
leyéndole la Pasión, dio su alma a Dios Nuestro Señor, quedando muy bien compuesta y mostrando en su rostro un sonriso de que no poco se admiraron los presentes
Juana de la Cruz
Oyendo esta sierva de Dios leer en un libro llamado Floreto de santo Francisco, y oyendo cómo había mandado una vez a un fraile que fuese a predicar, sin capilla y desnudo, pensó entre sí: “Si el Padre San Francisco mandaba ir al fraile a predicar desnudo, no teniendo pecados, ¿cómo no iré yo a confesarme de los míos y desnudarme dellos, desnuda en carnes y hiriéndolas con piedra o palo a cada pecado que dijere? Encomiéndome a Dios y, a vos Padre S. Francisco, y sola la cuerda ceñida a mi cuerpo y cuello quiero ir a confesar como malhechora, y por tal me pregonaré ante Dios y mi confesor”. Y con mucha contrición de sus pecados, entró en el confesionario y comenzose a confesar, hincada de rodilla con muchas lágrimas, y era tiempo de mucho frío y comenzó a dar grandes temblores del gran frío que sentía, de manera que no lo podía encubrir, y fue tanto que el confesor le preguntó que si estaba enferma, que de qué temblaba; respondió la bienaventurada que no estaba enferma, que temblaba de frío. Y acabada la confesión, salió del confesionario, y ella, que se empezaba a vestir y otra religiosa que iba a confesar, y vídola, y entró en el confesionario y dijo al confesor que riñese a Juana de la Cruz por tan ásperas penitencias como hacía, que había entrado a confesar desnuda con solo un silicio. 
Juana de la Cruz
En estos raptos, que le duraron espacio de trece años, fueron tantos y tan altos los misterios que dijo y declaró que las monjas escribieron un libro que llaman el Luznorte.
Juana de la Cruz
 Era muy devota de la Santa Pasión y rezaba cada día su oficio. Y para esto tenía un pobre libro hecho y cosido de su mano en que había diversas oraciones: este era su tesoro y sus cuentas sin tener otras. 
Quiteria de San Francisco
Y como pasasse por un lugar donde estava una ventana, vio estar en ella un pliego de papel blanco. Y no sabiendo quién lo avía allí puesto y tomolo y llevolo en las manos. Y como se metiesse en un sótano onde algunas vezes ponían la leña, y asentasse muy affligida y se arrimase a una pared, vio súbitamente una claridad que resplandecía y daba el resplandor en el papel, y según ella dixo al prior suso dicho, no supo quién le tomó su mano y escrivió dos cosas:
María de Ajofrín
Y luego otro día, estando rezando en un libro a una ventana que salía al cielo
María de Ajofrín
Aparesció también allí el demonio con un muy grande libro que traía y, volviéndole las hojas, trabajaba desmayar la sierva de Christo, con muchos peccados que en aquel libro leía, a los cuales la madre de Dios respondió que ya aquellos peccados eran confessados y perdonados, y el demonio confuso huyó
Juana Rodríguez
Pretendía astuta y maliciosamente el Demonio turbar su quietud con la representación de un gran libro que la mostraba como proceso de sus imperfecciones y con el ruido de sus muchas hojas, pero la Virgen serenísima, que había pisado la astucia de la serpiente antigua, hizo huir a esta quitando el temor a su sierva
Juana Rodríguez

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