Juana Rodríguez

Información

  • Fallecimiento: 1505
  • Orden: Franciscanas
  • Convento: Convento de Santa Isabel de los Reyes (Toledo)

Fuentes

Lisboa 1570

Autor: Marcos de Lisboa

Año: 1570

Título: Tercera parte de las crónicas de la Orden de los frailes menores del seráfico padre san Francisco

Miranda 1610

Autor: Luis de Miranda

Año: 1610

Título: Vida de la Gloriosa Virgen Sancta Clara, con la declaración de su primera y segunda Regla

Tamayo de Vargas 1616

Autor: Tomás Tamayo de Vargas

Año: 1616

Título: Vida de Doña María de Toledo, señora de Pinto, y después Sor María la Pobre, fundadora y primera Abbadessa del Monasterio de Sancta Isabel de los Reies de Toledo

Salazar 1612

Autor: Pedro de Salazar

Año: 1612

Título: Crónica y historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado Padre San Francisco

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Su conversación, ansí antes de casada como después, fue maravillosa porque gozaba de suavíssimas meditaciones y contemplaciones, y muchas veces era elevada fuera de todo sentimiento natural.
Juana Rodríguez
Con los pobres enfermos y afligidos, de tan maravillosa y entrañable charidad se enternescía que, por la consolación dellos, toda se resolvía en lágrimas.
Juana Rodríguez
y la Reina de los cielos desaparesció, dexando la sierva de Christo muy consolada. Después de recebidas muchas consolaciones divinas, con grande alegría espiritual passó su alma a su Criador
Juana Rodríguez
Su conversación, así antes de casada como después, fue maravillosa porque gozaba de suavísimas meditaciones y contemplaciones y muchas veces era elevada fuera de todo sentimiento natural.
Juana Rodríguez
Con los pobres enfermos y afligidos de tan maravillosa y entrañable charidad se enternecía que, por la consolación dellos, toda se resolvía en lágrimas.
Juana Rodríguez
y la Reina de los Cielos desapareció, dejando a la sierva de Christo muy consolada. Después de recebidas otras muchas consolaciones divinas, con grande alegría espiritual pasó su alma a su Criador.
Juana Rodríguez
Era con tanto extremo compasiva de los pobres que, en viéndolos, se deshacía en ternísimo llanto.
Juana Rodríguez
Estando oyendo misa un sábado entre ellas, vio que de la hostia salía una hermosísima mano y en ella una cruz roja, la mano se vino a la niña y dándola la cruz en la suya quedó como desmayada.
Juana Rodríguez
estando un sábado oyendo misa de Nuestra Señora en compañía de las doncellas que sus padres criaban y sustentaban, vio que de la hostia salía una mano que tenía una cruz colorada y la misma mano trujo la cruz a la niña y, en tomándola con la mano, luego quedó amortecida.
Juana Rodríguez
Fue esta santa mujer muy compasiva de los pobres, de manera que de verlos padecer tenía tanto sentimiento que muchas veces se resolvía en lágrimas. 
Juana Rodríguez

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apparescióle la Madre de Dios confortándola para el trabajo de la salida del alma de la carne.
Juana Rodríguez
Aparesció también allí el demonio con un muy grande libro que traía y, volviéndole las hojas, trabajaba desmayar la sierva de Christo, con muchos peccados que en aquel libro leía, a los cuales la madre de Dios respondió que ya aquellos peccados eran confessados y perdonados, y el demonio confuso huyó
Juana Rodríguez
apareciole la Madre de Dios, confortándola para el trabajo de la salida del alma de la carne.
Juana Rodríguez
Apareció también allí el demonio con un muy grande libro que traía y, revolviéndole las hojas, trabajaba por hacer desmayar a la sierva de Christo con muchos pecados suyos que en aquel libro leía. A los cuales la Madre de Dios por ella respondió que ya aquellos pecados estaban confesados y perdonados. Y así el demonio confuso huyó
Juana Rodríguez
Estando oyendo misa un sábado entre ellas, vio que de la hostia salía una hermosísima mano y en ella una cruz roja, la mano se vino a la niña y dándola la cruz en la suya quedó como desmayada.
Juana Rodríguez
volvió a ver otra cruz de tan extraordinaria grandeza que, estribando en el profundo de la tierra, transmontaba sus brazos en lo más encumbrado de los cielos.
Juana Rodríguez
Pretendía astuta y maliciosamente el Demonio turbar su quietud con la representación de un gran libro que la mostraba como proceso de sus imperfecciones y con el ruido de sus muchas hojas, pero la Virgen serenísima, que había pisado la astucia de la serpiente antigua, hizo huir a esta quitando el temor a su sierva
Juana Rodríguez
estando un sábado oyendo misa de Nuestra Señora en compañía de las doncellas que sus padres criaban y sustentaban, vio que de la hostia salía una mano que tenía una cruz colorada y la misma mano trujo la cruz a la niña y, en tomándola con la mano, luego quedó amortecida.
Juana Rodríguez
y de allí a un poco tornó a ver otra cruz tan alta que penetraba los Cielos, y el cabo de la cruz llegaba hasta el profundo del abismo.
Juana Rodríguez

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Aparesció también allí el demonio con un muy grande libro que traía y, volviéndole las hojas, trabajaba desmayar la sierva de Christo, con muchos peccados que en aquel libro leía, a los cuales la madre de Dios respondió que ya aquellos peccados eran confessados y perdonados, y el demonio confuso huyó
Juana Rodríguez
Estando oyendo misa un sábado entre ellas, vio que de la hostia salía una hermosísima mano y en ella una cruz roja, la mano se vino a la niña y dándola la cruz en la suya quedó como desmayada.
Juana Rodríguez
volvió a ver otra cruz de tan extraordinaria grandeza que, estribando en el profundo de la tierra, transmontaba sus brazos en lo más encumbrado de los cielos.
Juana Rodríguez
Pretendía astuta y maliciosamente el Demonio turbar su quietud con la representación de un gran libro que la mostraba como proceso de sus imperfecciones y con el ruido de sus muchas hojas, pero la Virgen serenísima, que había pisado la astucia de la serpiente antigua, hizo huir a esta quitando el temor a su sierva
Juana Rodríguez
estando un sábado oyendo misa de Nuestra Señora en compañía de las doncellas que sus padres criaban y sustentaban, vio que de la hostia salía una mano que tenía una cruz colorada y la misma mano trujo la cruz a la niña y, en tomándola con la mano, luego quedó amortecida.
Juana Rodríguez
y de allí a un poco tornó a ver otra cruz tan alta que penetraba los Cielos, y el cabo de la cruz llegaba hasta el profundo del abismo.
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