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Sentía el Demonio tanta bonanza, y procuró inquietarla aprovechándose de los mismos deudos desta señora para su turbación.
María de Toledo
Pretendía astuta y maliciosamente el Demonio turbar su quietud con la representación de un gran libro que la mostraba como proceso de sus imperfecciones y con el ruido de sus muchas hojas, pero la Virgen serenísima, que había pisado la astucia de la serpiente antigua, hizo huir a esta quitando el temor a su sierva y llevándola consigo el año de mil y quinientos y cinco, día de los Reyes, al tiempo que se alzaba el cuerpo de Jesuchristo Nuestro Señor en la misa conventual.
María de Toledo
Comenzando el camino, deseó el demonio estorbarlo y púsole algunos temores de que su padre y parientes sentirían mal de aquella ida, y de peligros que en el camino le podían suceder
Juana de la Cruz
el día de la Ascensión adelante, quedó libre del dolor y sin semejantes señales, aunque no por eso cesaron sus penas, antes, permitiéndolo Dios, los demonios la atormentaban y azotaban, y era tan crudamente que, alguna vez, le duraron por muchos días las señales de los azores que los demonios le dieron
Juana de la Cruz
Mostrábale también Dios, como antiguamente a muchos de los padres de aquellos yermos antiguos, las astucias de los demonios, y cómo turban el sosiego espiritual de las siervas de Dios, y ansí los vio muchas veces, con ojos corporales, andar discurriendo entre las religiosas del convento, persuadiéndolas y incitándolas a que se ocupasen en niñerías y cosas de poca importancia, reír y decir palabras ociosas, vanas, tener rencillas y pesadumbres.
Inés de Cebreros
Aun hasta unas niñas que se criaban allí, en el monasterio, vio que el demonio les hacía que se persignasen mal y deprisa, porque desde aquella tierna edad cobrasen costumbre de no hacer aquello con consideración.
Inés de Cebreros
Tanta virtud irritó al demonio de forma que, visiblemente, la persiguió con sus tropas infernales y así en una ocasión la arrojaron por la ventana de una celda sobre un naranjo y, jugando con ella a la pelota, la maltrataron, y dijo más el testigo que juró lo referido en la información, que se llamaba María de la Concepción y se crió con ella en la celda, que vio en las rodillas y otras partes del cuerpo de la santa madre las manos de los demonios señaladas, estando en aquellas señales la carne como quemada. Otra vez la arrojaron una escalera abajo y, viendo la caída de más de diez tapias y dando sobre unas ásperas y desiguales piedras, no se hizo daño alguno, teniéndolo por milagro.
María de San Juan
assí como ella la vido entrar por su çelda, mirola e vido alrededor della tres demonios muy espantables, e las façes como negros, e por los ojos e boca les salían llamas de fuego, e traýan en las manos unos como garrotes de fierrro, con los quales dava muy grandes golpes de los hombros arriva a aquella persona .
Juana de la Cruz
en llegando esta sancta virgen a la red del locutorio, le vido cómo traýa al demonio en figura de un grande gato muy fiero, y negro y espantable, sobre su persona.
Juana de la Cruz
Estando esta bienabenturada en su zelda otro día, viernes a la medianoche, le fue mostrada una visión muy dolorosa, que le pareçía se avría todo el Ynfierno, o veýa los demonios d’él en el monasterio.
Juana de la Cruz

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