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Preguntola una singular devota de san Juan Baptista, “si vía al Sancto Precursor de Christo, Juan”, y respondió que “no solo a este glorioso sancto, sino a toda la corte celestial estaba viendo”.
María de Toledo
Respondía siempre a los psalmos de la penitencia, que las llorosas hijas la rezaban en competencia de los que de júbilos de gloria entonaban los ángeles admirados de tanta pureza en cuerpo sujeto a corrupción.
María de Toledo
Más de treinta monjas y algunos de los frailes que prevenían su entierro oyeron tres veces, cuando dio su alma a Dios y cuando llevaban su cuerpo a la bóveda común del convento y cuando en la misa alzaron el cuerpo de Nuestro Señor, una extraordinaria suavidad de voces que fácilmente se juzgaba ser del Cielo, por ser imposible que fuesen de mortales. Llevaban los religiosos de la orden aquel thesoro de la immortalidad, aquel órgano del Espíritu Santo, aquella habitación de la sanctísima alma que gozaba de Dios, rezando lo que la Iglesia dispone para tal oficio, Sub venite sancti Dei etc., porque el mucho llanto no les consentía cantar, y las religiosas que iban detrás creían que aquella celestial armonía era de los religiosos que iban delante, y ellos que de ellas. Pero, confiriendo lo que imaginaban admirados de sí mismos por la dulzura de las voces, echaron de ver que eran del Cielo, y confirmaron las que después oyeron de nuevo cuando la metieron en la cueva.
María de Toledo
El día mismo que la beata abadesa espiró, estando en oración un religioso de Sancto Domingo, [...] llamado Fray Jordán, no sabiendo el tránsito desta religiosa alma, vio de repente (¡cosa maravillosa!) una copiosísima procesión de ángeles y cortesanos del Cielo vistosísimamente compuestos, y en medio dellos a un lado la beata Sancta Clara, y al otro la sancta reina Isabel, de sus manos la beata abadesa María la Pobre
María de Toledo
Y aunque tuvo entera noticia de todo, quiso que un ángel se lo refiriese, y así, preguntándolo a uno, le respondió que hacía el Cielo aquella fiesta a la de Sancta Isabel
María de Toledo
pidiendo las monjas a la madre les declarase cómo aquello había sido, ella dijo: “Obras son estas hijas mías del ángel sancto de mi guarda”.
Juana de la Cruz
siendo esta acción tan del gusto del Señor que una noche la vio desde el coro la sierva de Dios N. S. apagada. No sé si por disposición divina para obrar el prodigio, pues estando ella con notable aflicción, oyó en la mesma lámpara un ruido, aplicó la vista y vio que la estaba atizando y encendiendo un hombre, a su parecer, si bien entendió después ser ángel, por haberse desaparecido repentinamente.
Francisca de Valdivia
También dijo que se alegrasen todos por estar ya su muerte muy cercana, pues había visto sus dos ángeles, que venían por ella, que eran sus dos hijos, que se le habían muerto pequeñitos.
Luisa de la Cruz
Después de su bienaventurada alma salir del cuerpo, tanta suavidad de admirable olor sintieron las monjas que sin duda alguna creyeron ser esto señal de la sanctidad de la esposa de Christo, y de la compañía de la corte celestial que la vino a recebir, y llevar a la gloria de Christo su Esposo y Señor.
María de Toledo
Dios testificó de la gloria de la B. Juana, y fue que, cuatro días después de la muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles y, admirada, preguntó al de su guarda ¿cómo la madre Sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en altos grados de gloria? Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo y, bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos y le dijo esta sierva del Señor: ¿Cómo, hermana, esto sin mí? Sí, hermana (respondió), que se cumplió la voluntad del poderoso Dios y a cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio, y dos días antes que espiase comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes, parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte. Y cuando se tuvo noticia de esta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva de Dios tantas horas antes de su tránsito
María de San Juan

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