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Sintiose, luego que murió, un olor suavísimo en aquel aposento y una música tan suave que excedía a todo lo que humanamente puede entenderse, no faltando algunas revelaciones en personas de sancta vida por las cuales se entendió la gloria de su bendita alma.
María de Toledo
Preguntola una singular devota de san Juan Baptista, “si vía al Sancto Precursor de Christo, Juan”, y respondió que “no solo a este glorioso sancto, sino a toda la corte celestial estaba viendo”.
María de Toledo
El día mismo que la beata abadesa espiró, estando en oración un religioso de Sancto Domingo, [...] llamado Fray Jordán, no sabiendo el tránsito desta religiosa alma, vio de repente (¡cosa maravillosa!) una copiosísima procesión de ángeles y cortesanos del Cielo vistosísimamente compuestos, y en medio dellos a un lado la beata Sancta Clara, y al otro la sancta reina Isabel, de sus manos la beata abadesa María la Pobre
María de Toledo
Acudió la afligida madre sin esperanza alguna de remedio a recoger los miembros ya en su opinión deshechos de su desgraciada y querida hija, y hallola sin alteración alguna de color diciendo: “Madre, madre e muy buena estoy, no tenga Vuestra merced pena que la sancta de Sancta Isabel me recibió cuando iba a caer en sus brazos: que yo la conocí muy bien en el hábito”. Dio la buena señora loores infinitos a aquel Señor que tan admirable es en sus siervos.
María de Toledo
Cuando más a sueño suelto dormía, oyó que claramente la decían: “Francisca de Sancta Clara (llamábase así) levántate, que se quema la casa de la labor”. Pareciola sueño y volviose a dormir con el mismo descuido. Volviéronla a decir las proprias palabras por dos veces y, despertando con extraordinario pavor, se fue a la casa, donde halló abierta la puerta que había dejado cerrada y, levantando un repostero que estaba delante, vio una gran claridad: llegose a ver si habría alguna esperanza de remedio, y halló a la religiosísima abadesa, descalzos los pies como los trajo siempre viviendo, y con una calderilla de agua apagando la llama, sin quedar ni aun rastro de su voracidad. Consuelo grande de sus devotas hijas que tienen la protección de su madre tan presente siempre.
María de Toledo
Y su alma quedó muy confortada con esta visitación, y con grande fe que aquellos religiosos eran Sant Francisco y Sant Antonio, cuya devota particular era y lo fue en adelante, celebrando sus fiestas hasta que murió.
Beatriz de Silva
el cual vio una muy larga processión, y al cabo della iban las bienaventuradas sancta Clara y sancta Isabel, y llevaban en medio a la bienaventurada sierva de Christo muy ricamente vestida, y con una diadema, y corona en la cabeça de gran resplandor, y de su cara salían rayos como del sol. Vio y conosció este devoto religioso a todas aquella santas almas con muy grandes fiestas y alegrías subir y entrar en los cielos, y luego se vino al monasterio de Sancta Isabel y contó esta revelación a las monjas.
María de Toledo
Mandole, por santa obediencia, la abadesa dijese donde había estado y ella respondió que en un lugar que le pareció ser el Cielo, y había visto y asistido en la procesión de la Candelaria, que era aquel día, y que San Juan Evangelista, su devoto, le había dado una vela y que, al tiempo de quitársela, le dejó aquel pedazo, el cual se llevó por reliquia la Duquesa
María de San Juan
Dios testificó de la gloria de la B. Juana, y fue que, cuatro días después de la muerte, le apareció cercada de algunos santos y de ángeles y, admirada, preguntó al de su guarda ¿cómo la madre Sor Juana de la Cruz la aparecía tan mejorada y en tan diferente figura que otras veces, colocada en altos grados de gloria? Respondiole el ángel que estaba ya desatada de las ataduras del cuerpo y, bajando aquella bendita alma, se abrazaron las dos y le dijo esta sierva del Señor: ¿Cómo, hermana, esto sin mí? Sí, hermana (respondió), que se cumplió la voluntad del poderoso Dios y a cuatro días que salí de la vida mortal, donde tuve mi purgatorio, y dos días antes que espiase comenzó mi alma a sentir el gozo de la bienaventuranza, aunque a los ojos de las gentes, parecía que estaba con los dolores del tránsito de la muerte. Y cuando se tuvo noticia de esta revelación, se entendió mejor la causa de la dicha mudanza en la sierva de Dios tantas horas antes de su tránsito
María de San Juan
Estando esta bendita en la casa de la labor, víspera de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, vido una visión de todos los doce apóstoles, como cuando uno acaba de espirar, y luego vido doce sepulcros abiertos y muy hermosos y que salían dellos los doce apóstoles vestidos de blanco y ellos más albos que la nieve, y levantábanse puestas las manos como que adoraban al Señor y le daban gracias; y ella muy maravillada desta visión deseaba saber por qué parecía que salían los santos apóstoles de los sepulcros como difuntos, estando ya todos en el Cielo glorificados y no habiendo muerto ninguno dellos de su muerte natural, mas de muy crueles martirios por amor de Dios.
Juana de la Cruz

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