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Salió la bendita a un corral a buscar soledad para haçer sus acostumbradas oraçiones, la qual se puso de ynojos en tierra y empeçó a reçar y orar mirando el çielo con mucha devoçión y atençión. Y estando assí mirando, a deshora vido cómo el çielo se abría, y vido desçender a Nuestra Señora, la Virgen Sancta María, trayendo en sus brazos al Niño Jesús [...] y oyeron cómo hablava con Nuestra Señora e le haçía muy grandes ruegos.
Juana de la Cruz
Estando en la casa de la lavor esta bienaventurada, trabajando en lavor como todas, pensava en su coraçón qué cosa tan alegre sería, y hermosa de ver y acatar, a Nuestra Señora la Virgen Sancta María con el niño Jesús en los brazos. Y creçiendo en ella estos desseos y fervoroso amor, a deshora vido a la Reyna de los Çielos y Madre de Dios, y con el niño Jesús en brazos.
Juana de la Cruz
Estando esta sancta virgen un día negoçiando al torno, a deshora vido en él al Niño Jesuchristo. Y queriéndole ella tomar para se gozar con Él, tomole Nuestra Señora la Virgen Sancta María en sus braços. Y assímismo pareçió allí a deshora, y voló en alto con Él, y yba acompañada de muchedumbre de Ángeles, e todos yban tañendo y cantando, e haçiéndole muchos géneros de serviçios.
Juana de la Cruz
angustiándose mucho esta bienabenturada porque tan en breve se yban la madre y el hijo, hablola la clementíssima Reyna de los Çielos, diziéndola: “Hija mía, vente a la diestra parte de la casa, hazia adonde están las higueras, que allí me hallarás”. Ella, oyendo esto, desocupose lo más presto que pudo, y fuese para allá muy aquejadamente, mirando por todas las partes del corral [¿opuesto?] por ver si vería lo que su ánima desseava. En no viéndola, con mucha congoja se açercó hazia una parte do estava la casa del horno, porque allí le pareçía que oýa sonidos divinales. E habriendo la puerta, vido muy gran claridad, y entró dentro, y halló lo que con mucho fervor buscava, que hera a Nuestro Señor Jesuchristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles y huestes celestial
Juana de la Cruz
la bienabenturada tornó a su torno a suplicar a la Reyna de los Çielos que, pues su dulçe hijo havía tenido por bien de la tomar por esposa, su clemençia se la quisiese dar para lo tener en sus braços como a señor y a esposo suyo, e se goçar e consolar con él. Nuestra Señora le dixo le plaçía, e se le dio luego a ella en sus braços.
Juana de la Cruz
Rogada, y importunada de algunas monjas les dijese lo que había visto, respondió: “Nuestro Señor Jesucristo y su bendita Madre han estado aquí conmigo”. Y importunada que dijese más, [366] dijo otra vez: “Vi al glorioso S. Juan Bautista, y a toda la Corte celestial”.
María de Toledo
otra vez vio a la santísima Virgen, con el hijo tierno en sus brazos, y que entrambos se le reían y se le mostraban amorosos, y desta manera recibió otros regalos
Catalina de los Reyes
Y ella entonces fue con él, y hallose en una yglesia fuera de la ciudad, onde estava Nuestra Señora con su Hijo en los braços. Y como la vido, púsose de rodillas delante della, y el varón que la llamó púsole en las manos un paño de seda, y la Sanctíssima Virgen puso su Hijo encima del dicho paño, e dándole a otro honbre de menor edad para que la acompañasse junto con el que la avía llamado, díxole: “Ve con mi Hijo onde fueren estos dos varones”.
María de Ajofrín
Y vido después el día de la Ascensión cómo Nuestra Señora tenía en el altar a su Hijo en los braços así bivo como lo parió y que llamava a altas bozes con lágrimas, y dezía
María de Ajofrín
Y estando así, vido en visión al religioso que aquel domingo vino a decir missa en el monesterio y cómo, quando llegó a las palabras de la consagración, Nuestra Señora le dava el Niño que tenía en los braços y cómo el sacerdote lo partía en tres partes
María de Ajofrín

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