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tomó una Verónica en que ella tenía muy grande devoción y pusola en un pedazo de terciopelo, y doblada traíala consigo, y todas las veces que podía se iba a aquel palomar y ponía la Verónica en una parte y con unas cadenas que ella tenía allá escondidas hacía muy ásperas disciplinas y andaba de rodillas, desnudas las rodillas sobre las guijas y cantos hasta que se le desollaban; y con muchas lágrimas y gemidos andaba desta manera con la más prisa que podía, considerando que iba por los lugares santos y por donde habían llevado a crucificar a Nuestro Señor Jesucristo.
Juana de la Cruz
y con esta esperanza un viernes santo fuese al palomar y, entrando en él, puso la santa Verónica y sacó la cadena que tenía escondida y hizo una áspera disciplina, porque todas las veces que ella iba allí, primero se disciplinaba que hiciese oración; y hecha esta disciplina, hincose de rodillas y derramando muchas lágrimas empezó a decir mirando la santa Verónica: “O muy dulce Señor mío, suplico a Vuestra Majestad por reverencia de los misterios que hoy día viernes santo vos, mi Señor, hicistes y por los dolores y tormentos muy crudos que por me redemir y salvar padecistes, que me concedáis esta merced que muchas veces con importunidad he pedido: que merezca yo ser vuestra sierva en la religión y que esta merced no se me niegue en este santo día”. Y estando en esta oración la sierva de Dios, le fue revelado que había Dios oído su petición y recibido su buen deseo, y lo tomaba por obra muy aceptada y le placía de la recibir por esposa y concederle la religión, con condición que ella pusiese la diligencia que para alcanzarlo viese que había menester; y desde aquella hora buscaba y procuraba en su corazón cómo y de qué manera saldría secretamente, que ninguna persona la viese ir al Monasterio de Nuestra Señora de la Cruz, que allí la alumbraba el Espíritu Santo fuese.
Juana de la Cruz
estando la bienaventurada en tan prolongada oraçión, a deshora vido la sancta Berónica mudada y transformada en el rostro y figura de Nuestro Señor Jesuchristo, como si estuviera allí vivo, en carne apasionado, y llagado y corriente sangre
Juana de la Cruz
Junto al Sagrario está una capilla pequeña, y sobre el altar un Cristo de bulto, ligado a la columna, con las insignias de las heridas y azotes que padeció al tiempo de su Pasión. Sobre esta imagen se vee un rostro del mismo Cristo de escultura relevado, que vulgarmente se llama Verónica. A la cual teniendo devoción una devota mujer cuyo nombre era Teresa, casada con cierto ciudadano llamado Álvar López, como todos los días se levantasen al alba, iba a oír la misa que se dice en aquella hora en la capilla de San Ildefonso de la misma santa iglesia, y luego llegaba al altar de la columna, y puestos sus ojos y el corazón en la Verónica y rostro de Cristo adorábale y ofrecíale sus devotas oraciones y plegarias. Esta devoción, cuán grata fuese a Nuestro Señor declarolo después por milagro.
Teresa López
E que el dicho Fernán Sánchez dijo que le placía. E fue a casa del dicho Alvar López del Arroyo, e subió a una cámara do estaba doliente y en pasamiento Teresa López, mujer del dicho Álvar López, e que vido a la cabecera de su cama que estaba una almohada, y en somo della una cruz pequeña de latón que había quedado ahí de como la habían dado la extremaunción, e que debajo del pie de la dicha cruz que parecía estar en somo de la dicha sábana una forma de cara como de Verónica, con su barba larga, muy graciosa.
Teresa López
E que a la cabecera della, a la mano derecha, estaba una cruz de latón que él había dejado cuando le había dado la unción. E que debajo cabo el pie de la cruz, que miró e vido una cara que parecía encima de la sábana con una barba larga, con una corona con tres ramos, que parecían como manera de cruz; la cual dicha cara tenía forma de Verónica.
Teresa López
Los demás testigos, que son trece, sin estos dicen y afirman lo mismo y señalan algunos que duró por casi seis horas, desde media antes del día hasta la plegaria del mediodía. Uno declara que el rostro de Cristo estaba con cabellos y barba partida, como pintado de blanco y negro. Otro dice que una hija de la dicha Teresa López le preguntó si veía algo, y que ella se sonreía y mostraba muy alegre. Otra afirma que entró en el aposento y, no viendo la imagen diciendo los que estaban allí que la veían, se afligió mucho atribuyéndolo a sus pecados, de los cuales teniendo grave dolor la vido luego. 
Teresa López
Y como otra vez esta sierva de Jesu Christo rogasse con mucha atención por todos los sacerdotes y mirasse a una Verónica que tenía en un libro pintada, vido en ella y sobre ella por espacio de una hora gran resplandor, y vido carne y sangre. 
María de Ajofrín

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