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Sintiose, luego que murió, un olor suavísimo en aquel aposento y una música tan suave que excedía a todo lo que humanamente puede entenderse, no faltando algunas revelaciones en personas de sancta vida por las cuales se entendió la gloria de su bendita alma.
María de Toledo
De todo esto hizo el religioso Fray Jordán relación a las de Sancta Isabel, añadiendo que no era maravilla haber oído algunas las músicas y harmonía del cielo, que solo era maravilla que todo el mundo no hubiese participado de su suavidad, según la que en el recibimiento hecho a la sancta alma desta señora Pobre él había oído.
María de Toledo
Fue también muy clara señal de esta honra con que el Señor quiso llevar a su esposa la música y melodía celestial que luego de todas fue oída, la cual excedía a toda música humana, y tres veces fue oída de las monjas: a la muerte de la sancta esposa del Señor, y a la missa que por ella fue celebrada, y cuando su cuerpo fue llevado a la sepultura.
María de Toledo
en sus meditaciones y contemplación gozó de muchas consolaciones celestiales con particulares regalos y acaecimientos que en su vida fueron muy estimados
Francisca Gasquina
Oyose en el punto que expiró suave música de extraordinarias voces y lo mismo sucedió al levantar el Santísimo Sacramento de la misa y al llevarla en hombros los religiosos a la bóveda del entierro.
María de Toledo
Rogada, y importunada de algunas monjas les dijese lo que había visto, respondió: “Nuestro Señor Jesucristo y su bendita Madre han estado aquí conmigo”. Y importunada que dijese más, [366] dijo otra vez: “Vi al glorioso S. Juan Bautista, y a toda la Corte celestial”.
María de Toledo
 Confirmó esto un canto celestial que luego sonó tan suave y dulce, con que quedaron todas las monjas muy consoladas. Oyose este canto tres veces. 
María de Toledo
Oyeron tres religiosas una música celestial en su aposento, y aunque no todas las demás la oyeron mas vieron a estas tres tan demudadas que entendieron ser verdad lo que decían.
María de la Visitación
A la hora de su muerte se oyeron en su celda músicas maravillosas y dulcísimas, oyéronlo algunas monjas y andaban como espantadas preguntando: “¿Dónde estaba aquella música de vihuelas de arco?”. Oyola una enferma en su cama lejos de allí y otra en la cocina y un fraile de la Sisla que acaso estaba en la portería de San Pablo. Fueron seis personas, todas de crédito, las que lo oyeron a un mismo tiempo y de una misma manera.
Quiteria de San Francisco
Llegose la hora de su muerte y fueron oídas celestiales músicas
Luisa de Sandoval

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