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Sintiose, luego que murió, un olor suavísimo en aquel aposento y una música tan suave que excedía a todo lo que humanamente puede entenderse, no faltando algunas revelaciones en personas de sancta vida por las cuales se entendió la gloria de su bendita alma.
María de Toledo
De todo esto hizo el religioso Fray Jordán relación a las de Sancta Isabel, añadiendo que no era maravilla haber oído algunas las músicas y harmonía del cielo, que solo era maravilla que todo el mundo no hubiese participado de su suavidad, según la que en el recibimiento hecho a la sancta alma desta señora Pobre él había oído.
María de Toledo
Llegábase al cadáver luego que le veía en el féretro, besábale los pies, diciéndole mil ternuras y, en esta ocasión, se entendió que se le revelaba el estado de algunas almas, como sucedió con Sor Catalina de Guzmán, que, estando en el féretro la noche que había expirado, oyó la comunidad desde el coro un triste gemido[...] se fue aumentando el gemido y ya le oían por todas partes, mas ella, con gran valor, las controló, haciéndolas saber que aquel alma estaba en carrera de salvación y purgaba en aquel breve rato la tibieza que tuvo en creer una indulgencia, aunque hizo las diligencias para ganarla.
Florentina de los Ángeles
Fue también muy clara señal de esta honra con que el Señor quiso llevar a su esposa la música y melodía celestial que luego de todas fue oída, la cual excedía a toda música humana, y tres veces fue oída de las monjas: a la muerte de la sancta esposa del Señor, y a la missa que por ella fue celebrada, y cuando su cuerpo fue llevado a la sepultura.
María de Toledo
Oyose en el punto que expiró suave música de extraordinarias voces y lo mismo sucedió al levantar el Santísimo Sacramento de la misa y al llevarla en hombros los religiosos a la bóveda del entierro.
María de Toledo
Estando esta sancta virgen un día negoçiando al torno, a deshora vido en él al Niño Jesuchristo. Y queriéndole ella tomar para se gozar con Él, tomole Nuestra Señora la Virgen Sancta María en sus braços. Y assímismo pareçió allí a deshora, y voló en alto con Él, y yba acompañada de muchedumbre de Ángeles, e todos yban tañendo y cantando, e haçiéndole muchos géneros de serviçios.
Juana de la Cruz
angustiándose mucho esta bienabenturada porque tan en breve se yban la madre y el hijo, hablola la clementíssima Reyna de los Çielos, diziéndola: “Hija mía, vente a la diestra parte de la casa, hazia adonde están las higueras, que allí me hallarás”. Ella, oyendo esto, desocupose lo más presto que pudo, y fuese para allá muy aquejadamente, mirando por todas las partes del corral [¿opuesto?] por ver si vería lo que su ánima desseava. En no viéndola, con mucha congoja se açercó hazia una parte do estava la casa del horno, porque allí le pareçía que oýa sonidos divinales. E habriendo la puerta, vido muy gran claridad, y entró dentro, y halló lo que con mucho fervor buscava, que hera a Nuestro Señor Jesuchristo y a su bendita madre con muchedumbre de ángeles y huestes celestial
Juana de la Cruz
estando en su çelda, la qual estava apartada de la yglesia, quando tocaron las campanas que dezía la Gloria in exelçis Deo, hincándose ella de hinojos para dar graçias a Nuestro Señor e adorarle desde allí, oyó los cánticos e çeremonias que se haçían en la sancta Iglesia, e vido a Nuestro Señor Jesuchristo como quando salía del sepulchro, [...] e muchedumbre de ángeles çercados de su Real Magestad, que le adoravan e serbían de muchas maneras de servicios, e tañían y cantavan muy dulçemente.
Juana de la Cruz
estando aquella noche recogida adonde acostumbrava estar, e con ella dos religiosas, a la hora de las nueve o diez, a deshora sonó un golpe de cómo la llave cayó de alto en el suelo, en presençia de aquellas religiosas que con ella estavan, que lo vieron y oyeron. La bienaventurada riose de ver caer la llabe en el suelo, porque veýa muy bien el que la traýa, que hera su sancto ángel
Juana de la Cruz
 Confirmó esto un canto celestial que luego sonó tan suave y dulce, con que quedaron todas las monjas muy consoladas. Oyose este canto tres veces. 
María de Toledo

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