María García

Información

  • Nacimiento: 1340
  • Fallecimiento: 1426
  • Orden: Jerónimas
  • Convento: Convento de San Pablo (Toledo)

Fuentes

Ms c-III-3 Escorial

Autor: José de Sigüenza y Bonifacio de Chinchón (manos)

Título: Tercera parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo 

Ms Cruz 1591

Autor: Juan de la Cruz

Año: 1591

Título: Historia de la Orden de S. Hierónimo, Doctor de la Yglesia, y de su fundaçión en los Reynos de España

Alcocer 1554

Autor: Pedro de Alcocer

Año: 1554

Título: Hystoria, o descripcion dela Imperial cibdad de Toledo

Villegas 1588 

Autor: Alonso de Villegas

Año: 1588

Título: Addicion a la Tercera Parte del Flos sanctorum: en que se ponen vidas de varones illustres, los quales, aunque no estan canonizados, mas piadosamente se cree dellos que gozan de Dios por auer sido sus vidas famosas en virtudes (primera impresión)

Sigüenza 1600

Autor: José de Sigüenza

Año: 1600

Título: Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III

Sigüenza 1600

Autor: José de Sigüenza

Año: 1600

Título: Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III

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[...] estando en la casa del padre, ençendida por el fuego del amor divinal, codiciando remediar y seguir a Jesucristo, su Esposo, según su flaqueza, negando a sí mesma, se dio con toda voluntad al menospreçio del mundo
María García
En el qual lugar hizieron una pequeña morada adonde estuvieron algunos días sirviendo al Señor de noche y de día con aiunos y abstinencias, orationes y otros exerciçios honestos y santos y de gran humildad.
María García
cobdiciando obedesçer y ser instruida mucho más en la vida religiosa y ser juntamente regida de la dicha religiosa persona, metiose debajo de su mano para hazer su voluntad en todas las cosas, la qual las reçibió mucho de voluntad, y con gran alegría
María García
[Sobre Teresa Vázquez y las otras siete religiosas], amávalas con entrañas llenas de caridad sin ninguna conparaçión y deçía con el psalmista: «Load a Dios todas las gentes, porque a confirmado sobre nós su misericordia».
María García
[...]ansí quiso consolar y esforçallas en el postrimero día de su vida a exenplo de nuestro padre San Xerónimo, amonestándoles con toda afectión que no tornasen atrás ni desfalleçiesen en aquel camino espiritual, mas perseverando viniesen a la fin con vencimiento de la pelea para que pudiesen gustar y gozar de la bienaventurança perdurable, para lo qual es necesario que con toda humilldad y menospreçio y mortificatión perseveren.
María García
Y de que fueron todas llamadas, abraçolas y dioles paz diçiendo: «Amadas hijas, acordaos cómo, no por nuestros merecimientos, mas por su sola misericordia y bondad aparta el Señor a nós, para sus siervas, de las tinieblas del siglo y nos trujo a esta esclarecida solidunbre, adonde vos ruego que no seáis de poco corazón fingiendo vos ser flacas para perseverar en la religión; oíd, no a mí, sino a Vuestro Maestro, que dize: “Mi jugo es suave y la mi carga liviana”. Oíd otra vez que dize: “El que pone la mano al arado y torna atrás no es capaz de el Reino de los Çielos”».
María García
Y viéndolas ella llorar, comovida a conpassión dezía: «No queráis más llorar en vano, pues el Señor puso término a mis días, los quales no puedo pasar mas conformada con su voluntad[...]».
María García
estando meneando los labios con oraçión al Señor sin esprimir lo que deçía, deçendió un raio de claridad sobre su cara, viéndola algunas de las que estavan presentes, y ella avía gran plazer de lo que con sus ojos veía, y alçando las manos en alto, puestos los dedos en señal de cruz, durmió en el Señor
María García
[...] tuvo tanto fervor en el amor de Dios que se conoçió que más eran órdenes del Spíritu Sancto y graçia divinal que consejo de hombre humano.
María García
Aunque estava en ella y vivía entre los hermanos y criados de casa, y pareçía que se havía buelto al mundo como cosa que le dava gusto y contento, andava tan abrasada y ençendida en el fuego del amor divino que siempre pensaba, codiciava y tratava cómo seguir y ymitar (según su flaqueza) a Jesuchristo, su esposo.
María García

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[...]llamando al Señor qué harían, mas Dios, que está açerca de los que le llaman con verdadero coraçón, oídas sus peticiones, endereçó sus coraçones dándoles por guiador el su ángel bueno que viniesen a un pago que se llama aora la Sisla.
María García
estando meneando los labios con oraçión al Señor sin esprimir lo que deçía, deçendió un raio de claridad sobre su cara, viéndola algunas de las que estavan presentes, y ella avía gran plazer de lo que con sus ojos veía, y alçando las manos en alto, puestos los dedos en señal de cruz, durmió en el Señor
María García
La mañana antes de su muerte vieron las hermanas religiosas sobre su aposento una gran claridad y dentro dél una paloma blanca
María García
vieron que estava la sierva de Dios meneando los labios y haziendo oraçión a su Criador, sin entender lo que dezía, y muchas de la que con ella estavan presentes vieron que desçendió sobre su rostro un rayo de gran claridad y que sentía mucho plazer y contento de lo que veýa. Y alçando las manos en alto y puestos todos los dedos en señal de la cruz, espiró y desapareçió la claridad
María García
Con esta comunicó un pensamiento que le puso Dios en el alma, y era hacer un desprecio grande de sí misma a los ojos del mundo, y crucificarse a él.
María García
Nunca la sierva de Dios, desde aquella hora, sabía qué cosa era tornar a la cama, consumiendo lo que quedaba de la noche en oración y coloquios divinos con su Esposo, Jesucristo.
María García
De allí a un poco, descendió sobre ella una claridad admirable, y anduvo volando por la celda una palomica blanca, aunque no fueron todas las que allí estaban dignas de verla. Alegrose su rostro en gran manera, mirando atenta a la luz que tenía sobre sí; hablaba con ella tan quedo, que no podían entenderla.
María García

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