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Muchas veces era visitada de su Amado Esposo Jesucristo con muy suaves y divinas consolaciones, y desto daba indicios su rostro, como un día de la Transfiguración, que se le vido una monja tan resplandeciente como el sol y, importunada, dixo con mucha humildad que Nuestro Señor le revelaba la gloria de su Transfiguración como si ella presente se hallara en el monte Tabor, cuando delante de sus apóstoles se transfiguró.
María de Toledo
Visitaba nuestro Señor a su querida María muy a menudo, y dejábala tanta copia de favores que aun sus monjas eran testigos de lo que con Dios merecía su beata abadesa. Quería Su Majestad que, como se hallaban presentes al ejercicio de sus virtudes, viesen también el premio que dellas, aun en esta vida, como en señal de los infinitos de la otra, daba a sus siervos. Una vez entre otras que se había juntado la comunidad (como tiene costumbre los Viernes de Cuaresma) a la disciplina, ilustró Dios tanto su alma con el conocimiento de sus misterios que resultó la luz al cuerpo, rodeando su rostro una como diadema de rayos muy resplandecientes y de extraordinaria claridad, y destos, como acopados y puestos en forma de pirámide, salía otro por extremo vistoso, que se extendía hasta el lugar donde estaba una monja que, admirada de tanta novedad y tan extraño resplandor, la preguntó con mucha instancia qué favor entonces la hacía particularmente Dios.
María de Toledo
Y así preguntándola las monjas que, por la gran fragancia que sentían y el consuelo que vían tener a su beata abadesa, creían la causa era superior y más que ordinaria, “si vía a Jesuchristo nuestro Señor”. Ella respondió, “que no solo este benignísimo Señor, sino también su elementísima madre, la Virgen María, Nuestra Señora, la estaban presentes allí favoreciendo, y de cuya vista sentía el regalo que a criatura humana es imposible dar a entender”.
María de Toledo
Preguntola una singular devota de san Juan Baptista, “si vía al Sancto Precursor de Christo, Juan”, y respondió que “no solo a este glorioso sancto, sino a toda la corte celestial estaba viendo”.
María de Toledo
El día mismo que la beata abadesa espiró, estando en oración un religioso de Sancto Domingo, [...] llamado Fray Jordán, no sabiendo el tránsito desta religiosa alma, vio de repente (¡cosa maravillosa!) una copiosísima procesión de ángeles y cortesanos del Cielo vistosísimamente compuestos, y en medio dellos a un lado la beata Sancta Clara, y al otro la sancta reina Isabel, de sus manos la beata abadesa María la Pobre
María de Toledo
Nunca este religioso había visto a la beata abadesa en su vida, pero al instante que en esta procesión la vio, supo por orden del Cielo quién era y cómo acababa de dar su espíritu al Señor, que para tanta gloria suya le había criado, y que aquel recibimiento la hacían los cortesanos del Cielo.
María de Toledo
Estando oyendo misa un sábado entre ellas, vio que de la hostia salía una hermosísima mano y en ella una cruz roja, la mano se vino a la niña y dándola la cruz en la suya quedó como desmayada. Lleváronla a su casa y, vuelta en sí, volvió a ver otra cruz de tan extraordinaria grandeza que, estribando en el profundo de la tierra, transmontaba sus brazos en lo más encumbrado de los cielos. Todos estos eran indicios del afecto grande que había de tener a la cruz de CHRISTO, de que siempre fue devotísima.
María de Toledo

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